14.6.11

Familia 1 Pareja 0

Todo tiene que entenderse dentro de un contexto, Papito y yo nos hemos conocido ya de mayores (aunque los dos nos sentimos muy muy jóvenes), hemos vivido solos, somos personas independientes.

Cuando nos conocimos, a parte de los temas laborales (los dos muy involucrados en nuestras respectivas carreras), nuestra principal ocupación era disfrutar al máximo del tiempo juntos, viajar, cenas con amigos, teatro, cine, bici, esquí, museos, vivíamos para nosotros tremendamente felices.

Nunca espere que tener hijos nos fuera a unir más como pareja, pero lo que tampoco imaginé nunca es que precisamente tenerlos iba a convertirse en una fuente de conflicto.

Toda pareja que haya tardado más de lo esperado en tener hijos sabrá a que me refiero cuando digo que las relaciones íntimas cambian. Te quieres quedar embarazada y el sexo se converte en un acto de procreación (pensamiento nada estimulante por cierto), encima aprendes que para aumentar las posibilidades debes realizarlo determinados días con cierto intervalo (el hoy "toca" al principio hace gracia, sonríes, le pones ilusión, e imaginación, pero con el tiempo se puede convertir en una pesadilla). En el postparto te puede el cansancio, la debilidad, además tu cuerpo está "deforme" y no te sientes las más sexy del mundo ni la más deseada. Afortunadamente en este sentido creo que volvemos poco a poco al "buen camino" ;-)

Otro factor desencadenante de conflictos es la familia, concretamente los abuelos, nuestros padres queridos que hasta el momento veían nuestra idílica relación EN LA DISTANCIA. De pronto (unos y otros, (aunque unos más que otros)) "invaden" nuestra casa para no perderse un minuto de sus adorados nietos, con la sanísima intención de "ayudar" pero soltando más de una impertinencia (sin mala intención, claro está). Con los propios, como hay más confianza les dices lo que sea y no hay problema, pero con los ajenos, bufff, vamos que te vuelves refranera y te acuerdas de aquello de "cada uno en su casa y Dios en la de todos" pero ni con esas!

Luego está el tema de las responsabilidades, hay tanto que hacer! que siempre hay uno que se desborda y siente que el otro no está tirando del carro con la misma fuerza (ayer me regañó papito por este motivo y me sentí totalmente incomprendida, quiero pensar que fue solo un mal día, otras veces soy yo la que exploto...).

Las actividades lúdicas y sociales lógicamente han caído a mínimos (a alguna nos apuntamos), las planeas con ilusión, y cuando finalmente quedas, por ejemplo, a cenar con unos amigos, estás tan tan cansada que te cuesta disimular que te estás muriendo de sueño.

Pese a todo lo que he escrito, no tengo la menor duda de estar viviendo el mejor momento de mi vida, solo espero que mi relación sobreviva con fuerza al temporal en el que estamos navegando.

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