3.6.13

adiós mi pequeña Martita

Hace tan solo una semana tome una mala decisión,  teóricamente era la decisión correcta, es lo que había que hacer siguiendo las recomendaciones de los que más entienden, pero yo me resistía, no quería hacerte pasar por esta operación, aunque fuera por tu bien, no te podía explicar (aunque lo hice) que te iba a hacer sufrir unos días, por tu bien,  para que siguieras estando sana y poder vivir muchos largos años más a tu lado.

No escuché las señales, pequeñas complicaciones estos días en mi vida que me hacían pensar que no era el momento, no era un buen momento, pero parece que tras haber tomado la decisión, estaba abocada a ella, era por tu bien.

Y las últimas semanas te di todos los mimos del mundo, te buscaba a cada rato para achucharte, para hacerte sentir querida, y no dudaras ni un momento que eras especial en nuestras vidas, en mi vida.

Las cosas no fueron bien, no sentí que te atendieran bien, yo tampoco supe ver hasta que punto te encontrabas mal, creí que eran molestias normales tras el post-operatorio que me dolían a mí más que a ti, maldije mil veces haberte llevado al hospital, contaba las horas esperando que pasara lo peor y empezaras a encontrarte bien. Te daba una medicación que no terminaba de sentarte bien, te resistías, pero yo, insistía más. Era por tu bien.

Estabas muy inquieta, me tenías asustada, pero de pronto diste signos de mejoría, comiste un poquito, te tumbaste más tranquila. Venga chiquitina!, esto va a pasar! vamos a la cama!. Dormimos juntas, acurrucadas, como cuando solo eramos tú y yo, pero tú no despertaste más.

Martita, mi cachorrito, mi corazón, mi cariño incondicional, mi motivo de orgullo, sería imposible haberte querido más, pero siempre lamentare no haber estado contigo más tiempo. Te has ido y me has dejado un vacío inmenso, con lo chiquitina que eras, llenabas todos los espacios, ahora donde miro solo noto tu ausencia. Eras mi paz, mi refugio, mi consuelo, nadie como tu me acompañó en mis días tristes, ¿quién secará ahora mis lágrimas por ti?

Busqué un arrullito blanco con el que he envuelto y dado mil abrazos a mis hijos cuando eran bebés, te envolví en ese abrazo para siempre y junto con un muñequito, unas bolas de ciprés con las que incansablemente nos pedías juego y unas flores silvestres, te enterramos en un lugar bonito, en la casa de la sierra con esa tierra fresca que tanto te gustaba olisquear. Allí estarás bien, me da paz pensarlo.

Me domesticaste, te domestiqué, eras para mí única en el mundo, era para ti única en el mundo, te vas y no paro de llorar al recordarte, pero he ganado una vida llena de campos de trigo dorado. Capítulo 21 de "El principito".